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Se cumplen ahora cuatro meses desde que el Partido Nacional Escocés (SNP) y su líder, Alex Salmond, perdieron el referéndum de independencia de septiembre de 2014. La apuesta era a todo o nada y Salmond, tras confirmarse el resultado, dimitió como líder de su partido así como de su cargo de Ministro Principal de Escocia. En el ambiente mediático de esos días difícilmente podría imaginarse un escenario próximo en el que el derrotado líder nacionalista no sólo volviese a escena sino que pudiera hacerlo expandiendo su campo de acción hasta poder llegar a influir en el Parlamento de Westminster.

Sin embargo, los primeros síntomas de que la sucesión esperada de los hechos podía verse alterada llegaron semanas después. La afiliación al SNP -hasta el día del referéndum en torno a 25.000 personas- experimentó un crecimiento desorbitado a pesar del varapalo en las urnas. A mediados de diciembre el dato superó la cifra de 90.000 miembros, convirtiendo a los nacionalistas en el tercer partido más grande del Reino Unido tras Conservadores y Laboristas.

Si bien la baza independentista a corto y medio plazo estaba perdida de forma inexorable, el crecimiento interno hizo las veces de piedra de apoyo para Nicola Sturgeon, recién ascendida al liderazgo del SNP y al mando del gobierno escocés. Los frutos de la extensa e intensísima campaña electoral iniciada en 2012 tras la firma del Acuerdo de Edimburgo comenzaron a caer de improvisto en el cesto nacionalista. El repunte de participación en el proceso político, motivado por todos los partidos, sacó del abstencionismo a un gran número de votantes y a la vez coincidió con la fuga de laboristas militantes a las filas del “Sí a la independencia”.

De una forma u otra, esos votantes insatisfechos y/o despechados recalaron en la costa del SNP, reconvertido en el adalid de un nuevo izquierdismo llamado a ocupar el trono en el norte del Partido Laborista. El asunto podría haber quedado como un problema a solucionar en el futuro de no ser por la cercanía de la próxima llamada a las urnas. El 7 de mayo hay elecciones generales en el Reino Unido.

Comicios a cinco meses vista

Si para los partidos unionistas la primera bola de partido quedó salvada el 17 de septiembre, la segunda no tardará en llegar. El principal reto al que ahora se enfrentan es el de poder formar gobierno sin la necesidad de recurrir a acuerdos con unos nacionalistas deseosos de seguir aumentando la autonomía de Escocia. Las expectativas son poco halagüeñas.

Mientras los Conservadores intentan cerrar la brecha interna por la que escapan votantes –e incluso diputados– que ha abierto el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) en su flanco euroescéptico, son los Laboristas quienes sufrirán los mayores quebraderos de cabeza hasta la votación de mayo.

Arrebatar el número 10 de Downing Street a David Cameron parece un reto inasumible a todas luces para Ed Miliband sin las papeletas de centro izquierda emitidas a su favor desde el norte. Lo sabe Miliband y lo sabe el nuevo líder del partido en Escocia, Jim Murphy, de ahí que el grueso de los esfuerzos durante la campaña deba volver a centrarse en los mismos lugares disputados en septiembre.

Guardian poll 2015

Por ahora el mano a mano entre SNP y Partido Laborista sonríe a los nacionalistas. La última encuesta de intención de voto realizada por The Guardian evidencia la tendencia que se inició con la campaña del Referéndum y que parece ha llegado para quedarse. Del 42% del voto conquistado por los Laboristas en las últimas elecciones de 2010 sólo queda poco más de la mitad, un 26%. El descalabro de 16 puntos porcentuales lo recoge el SNP, que aumenta su porcentaje de voto en 23 puntos hasta consolidarse como partido hegemónico escocés. Del 20% cosechado en 2010 al 43% estimado para 2015.

De mantenerse y confirmarse lo avanzado por las encuestas, el desmoronamiento del Partido Laborista en Escocia no sólo provocaría una crisis interna en la formación y su liderazgo sino que, mucho más importante, reconfiguraría el histórico reparto político Conservadores – Laboristas del Reino Unido en favor de UKIP -populistas y anti europeos- y SNP -nacionalistas-. Serían estos los que tendrían en su poder la llave de la gobernabilidad ejercida en los últimos tiempos por los Liberal-Demócratas, quienes a su vez pierden fuelle tras el desgaste desprendido de la coalición de gobierno actual.

41 son los Miembros del Parlamento laboristas que se sientan hasta ahora en la Cámara de los Comunes elegidos en Escocia. Su fortaleza como grupo y reelección, pues, peligra ahora más que nunca, y su testigo pueden cogerlo MPs del SNP ganando bastiones hasta ahora indudablemente labour. La disputa de uno de esos asientos acolchados infinidad de veces fotografiados atraerá gran parte de las miradas.

Será el espacio reservado para al representante de la circunscripción electoral de Gordon, al noroeste de Escocia, el que disputará el vencido Alex Salmond. Si las previsiones se confirman y tanto su partido como él triunfan en los comicios, la cara visible y carismática del independentismo escocés puede volver a erigirse en un actor político fundamental de las islas, aumentando su influencia esta vez hasta Westminster, y quién sabe cómo de cerca de las dependencias del gobierno británico. ¿Podrá convertirse Salmond en el Caballo de Troya de los nacionalistas escoceses en Westminster?

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* Imagen de cabecera con licencia creative commons de “Ewan McIntosh” en Flickr

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