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Desde que la famosa encuesta del Sunday Times que daba por primera vez ventaja al “Sí a la independencia” se hizo pública, el debate sobre Escocia aceleró su marcha y, quizás por primera vez, se tomó realmente en serio al sur del borde con Inglaterra. El pánico en las filas de “Better Together” hizo que los tres líderes de los principales partidos del Reino UnidoPartido Conservador, Partido Laborista, Partido Liberal-Demócrata– organizaran un viaje exprés al Norte para dar un vuelco a la tendencia electoral.

David Cameron, Ed Miliband y Nick Clegg acudieron de forma simultánea -pero cada uno por su cuenta, para evitar relaciones incómodas entre sus votantes- a las principales ciudades escocesas para lanzar un ultimo mensaje apelando al sentimiento: “queremos que os quedéis(en el Reino Unido)”. Si durante gran parte de la campaña previa al referéndum fueron los nacionalistas del Partido Nacional Escocés (SNP) y “YES Scotland” quienes emplearon esa estrategia, ahora las tornas han cambiado.

Los partidarios del “Sí a la Independencia” aprovecharon desde el comienzo su leve pero evidente mejor posición en la línea de salida para crear el caldo de cultivo necesario sobre el que promover la conversión de una población de partida reacia a separarse del Reino Unido. Se centraron en lanzar su mensaje encasillándolo en una corriente siempre optimista. Promover el cambio, aprovechar la votación para buscar una nueva y diferente salida a la crisis, construir una sociedad más justa, corregir los desequilibrios socioeconómicos existentes en Escocia….y todo resumido en un mensaje “YES”.

El punto de partida, pues, lo tenían ganado. Pero aún restaba lo más difícil y fundamental: no perder el pulso de la carrera y esprintar en los últimos metros para incluso vencer. Es ahí donde fracasó la campaña unionista “Better Together”. Con todo a su favor, se centraron en recordar una y otra vez la inseguridad que supondría separarse, los problemas de la futura Escocia independiente o la difícil situación en la que podría quedar la economía del nuevo país. Muchos ciudadanos escoceses, que no dejaron de relacionar a la campaña unionista con las élite inglesa de Westminster que tanto detestan, sintieron rechazo ante la propuesta.

Esa es una de las causas, entre otras, de que un tercio de los votantes del Partido Laborista en Escocia estén planteándose llevar la contraria a lo que defiende el aparato de su partido para votar por el sí el próximo jueves. De darse esa desbandada de votos a priori unionistas hacia las filas independentistas, ellos serían la llave para la victoria de Alex Salmond y su propuesta.

Alex Salmond

El salto al vacío de Cameron

Es en ese clima, y con la encuesta de YouGovt dando unos porcentajes de Sí 51% y No 49% cuando nunca antes había sido tan favorable a los independentistas, en el que Cameron, Clegg y Miliband tuvieron que acudir con presteza a encontrarse con sus votantes. El problema para ellos es que quizás sea demasiado tarde.

Lo preocupante no fue que una encuesta diese por primera vez ventaja al sí, sino que los más de veinte puntos de ventaja con los que partieron los unionistas al comienzo de la campaña del referéndum se hayan disipado. Si los independentistas ganan el jueves, la debacle será histórica. Si, a pesar de perder, los partidarios del Sí logran unos resultados cercanos a la victoria, el problema para el Reino Unido seguirá estando ahí.

Con ese porcentaje de ciudadanos (un 97% de los adultos han solicitado su participación el jueves, la más alta en la historia de Escocia) reclamando la independencia, los líderes unionistas saben que no les queda más remedio que ofrecer más poder al Norte aumentando su autonomía. Lo saben y los tres lo han firmado en un documento conjunto.

Con ese gesto in extremis, además de intentar salvar la Unión, David Cameron, Nick Clegg y Ed Miliband han dado a su rival político Alex Salmond lo que quería antes incluso de que los colegios electorales abran sus puertas. Cuando el Acuerdo de Edimburgo aún no estaba firmado, desde el SNP mantuvieron que su prioridad en ese momento era aumentar las competencias para Escocia -pues pensaban que conseguir la Independencia aún era una quimera- incluyendo en la papeleta electoral una tercera e intermedia opción: “Devo Plus” o aumento de poderes para el Parlamento escocés de Holyrood. Sabían que era la opción que tendría más apoyo y se sentían cómodos con ella.

El Primer Ministro David Cameron prefirió arriesgar, jugándolo todo a una campaña preelectoral larguísima, al permitir sólo dos opciones. El todo o nada. Podía ganar y disipar los problemas con Escocia o podía perder y ser recordado como el PM que destruyó la Unión. Ahora, a dos días de la votación y luchando contra las cuerdas, Cameron sabe que sea cual sea el resultado habrá salido perdiendo y sus planes iniciales quedarán desbaratados. Salmond, aún perdiendo la votación, conseguirá el aumento de competencias que anhelaba. En el número 10 de Downing Street el 18 de septiembre de 2014 será siempre un día para olvidar.

*Imágenes con licencia Creative Commons cedidas por “The Prime Minister’s Office” y “Scottish Government” en Flickr
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