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Dentro de cuarenta y siete días los ciudadanos escoceses acudirán a las urnas para aprobar o rechazar la independencia de Escocia del Reino Unido. Sin embargo, la votación en el referéndum más que cerrar el debate abrirá las puertas a un extenso camino que la sociedad y clase política deberá recorrer de la mano.

Si el resultado que hasta ahora marcan las encuestas prevalece y el ‘no’ derrota a Alex Salmond, tanto el gobierno de Edimburgo como el de Londres habrán de fijar nuevos retos y dilucidar los próximos pasos a dar sobre la cuestión escocesa, ya sin la amenaza de la partición inminente presente. Si por el contrario los ciudadanos apuestan por la independencia, a partir del 18 de septiembre se iniciará un proceso que no culminaría hasta dentro de una década.

Los escoceses, con su voto, no alterarán el estatus del Reino Unido de manera automática. El paso por las urnas lo que vendrá a ofrecer al gobierno nacionalista de Salmond es el pasaporte necesario para negociar con legitimidad un viaje del que se conoce el escenario final pero no el cómo llegar hasta allí. Aunque en realidad, la pregunta de moda y con potencial real para arrastrar al gran número de indecisos hacia uno u otro lado es: ¿A qué precio conseguiremos nuestra independencia?

La respuesta, hasta el mismo momento en el que comiencen las negociaciones -si es que se llega a este punto-, es incierta. Para el gobierno de Holyrood la cifra de partida para afrontar gastos inevitables con los que erigir las nuevas instituciones del Estado independiente es de 200 millones de libras. En cambio, para el gabinete de David Cameron los costes iniciales ascenderían hasta los 2.700 millones de libras. Sin embargo, expertos del ámbito académico como Patrick Dunleavy o Iain McLean han descartado ambas predicciones por considerarlas excesivamente optimistas o negativas.

En su estudio “Transitioning to a new Scottish state”, el profesor Dunleavy recoge los principales escollos que el gobierno de Alex Salmond debe superar tras un resultado favorable el 18 de septiembre. Uno de los de mayor envergadura es el reto que puede suponer para la nueva economía escocesa cargar con los costes iniciales del Estado. Si bien los 200 millones de libras de la hipótesis optimista podrían ser factibles -afirma- también sería plausible en otro escenario que el coste se disparase hasta los 2.700 millones.

Así las cosas, y tras confrontar la línea argumental que se sigue en su estudio con la del también profesor Iain McLean de la Universidad de Oxford, el esfuerzo que la nueva Escocia ha de afrontar oscilará entre los 600 y los 1.500 millones de libras entre costes iniciales, costes derivados de acuerdos con el resto del Reino Unido y costes por nuevas inversiones a realizar.

En el próximo post profundizaré en las cifras manejadas en el informe de Patrick Dunleavy así como en las principales líneas de actuación sobre las que debería centrar su atención el nuevo gobierno independiente. 

* Imagen con licencia Creative Commons perteneciente a “ScottishGovernment” en Flickr

 

 

 

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Un pensamiento en “El camino hacia la independencia (I)

  1. Pingback: El camino hacia la independencia (II) | Scottish Winds

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