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La unión monetaria de Escocia con el Reino Unido que Alex Salmond y el Partido Nacional Escocés defienden no podrá culminarse, o eso defiende George Osborne, Ministro de Hacienda británico. El escenario preferido por los nacionalistas en política monetaria, elemento fundamental en el debate por la independencia, ha encontrado una piedra de toque en los principales partidos políticos del país. En una exclusiva adelantada por Nicholas Watt, periodista de The Guardian, se desvela el pacto al que Partido Conservador, Partido Laborista y Partido Liberal Demócrata han llegado, por el que ninguno de estos aceptará la creación de la llamada “Zona Esterlina” en el caso de llegar al Gobierno.

De esta forma, el Plan A de los nacionalistas en materia monetaria quedaría en el aire, pues hasta el momento no han desvelado qué otras opciones barajan, si es que cuentan con otra alternativa, como ávidamente preguntan los sectores que se oponen a la independencia escocesa. Además del mantenimiento de la Libra Esterlina, fueron dos las posibilidades que acapararon la atención mediática, aunque ninguna aceptada por el SNP como escenario preferido.

La primera sería la creación de una nueva moneda tras el ‘Sí’ a la independencia. Las contrapartidas son evidentes y significativas ya que, además de necesitar una reestructuración del ‘status quo’ imperante hasta el momento, Escocia adolecería de un menor peso como estado a la hora de acceder a los mercados internacionales. Un Estado con una moneda nueva y apoyada únicamente por la estructura de una nación recién reconfigurada. Demasiados riesgos.

La segunda opción consistiría en solicitar la entrada en la Eurozona y adoptar el euro como moneda oficial, esfera de la que hasta el momento Escocia se ha mantenido al margen como miembro del Reino Unido. Los nacionalistas mantienen y quieren reforzar su compromiso con la Unión Europea, pero sin ceder su soberanía monetaria, por lo que la adopción del euro tampoco es un camino que satisfaga al gobierno escocés.

De este modo, el frente común que conforman los principales partidos políticos británicos ha sabido jugar la carta de presionar a sus contrincantes políticos por el frente en el que más flaquean. La inseguridad y oscurantismo que los nacionalistas han mantenido sobre opciones que difieran de la “Zona Esterlina” ha atraído a los estrategas pro-Reino Unido, y ahora es Alex Salmond y su gabinete el que debe disipar las dudas sobre la política monetaria de una Escocia independiente para evitar el desplome de sus votantes. Está por ver si lo podrá conseguir.

Hasta el momento, la respuesta del gobierno escocés es que el mensaje no intenta sino crear “miedo” en los votantes escoceses. Lo cierto, sin embargo, es que esa es una defensa muy débil ante lo que es uno de los principales debates en torno a la independencia. El gran número de votantes aún indecisos reclama hipótesis tangibles, por lo que el gobierno de Holyrood ha de buscar respuesta al gran interrogante creado por George Osborne. El pacto entre torys, laboristas y liberal demócratas será anunciado hoy en Edimburgo, por lo que el desafío a los nacionalistas es ineludible.

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