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*Esta es la segunda de una serie de entradas que servirán para introducir los diferentes aspectos clave que son necesarios conocer para posteriormente comprender el devenir diario del tema tratado.

Suele ocurrir cuando salta a la palestra el debate sobre la independencia de Escocia el que se intente buscar cierta similitud con los casos más cercanos de País Vasco y Cataluña. Sin embargo, la realidad es bien distinta, pues la relación entre Escocia e Inglaterra cuenta con particularidades que difieren con las de España y las dos Comunidades Autónomas antes nombradas.

Partiendo de la administración geográfica del territorio, debemos considerar la primera diferencia notable. Si bien podemos tender a pensar que Escocia, Gales o Inglaterra son (desde el prisma español diríamos) ”comunidades” dentro de un país, Reino Unido, la realidad es otra y por tanto no debemos caer en la simplificación de lo que conocemos.
Históricamente el Reino de Escocia y el Reino de Inglaterra, como se puede intuir, eran países separados, contando con sus propios parlamentos, instituciones y corona. No sería hasta 1707 cuando la situación sufriese un cambio que perdura hasta nuestros días. Sería en esta fecha cuando tras notables protestas, descontento general, e intereses económicos mediante, Londres lograse ‘imponer’ el Acta de Unión. El documento oficiaba la unión entre las coronas inglesa y escocesa (venía siendo única desde 1603 tras la proclamación de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia) que pasarían a convertirse en la Corona de Gran Bretaña. Por descontado, surgió un nuevo país, el Reino de Gran Bretaña, con su parlamento propio, ubicado en el Palacio de Westminster (Londres) y que abolía los anteriores parlamentos nacionales respectivos de los dos países otrora divididos.
En la actualidad, Gran Bretaña es un Estado Unitario que está formado por cuatro países constituyentes, donde encontramos ya definidos a Escocia e Inglaterra, y son por tanto estos términos los que determinan la realidad y relaciones entre los mismos. Así pues, el debate no gira en torno a la ‘identidad nacional’, pues está totalmente reconocida, sino que se circunscribe en la curiosa relación entre Escocia, Inglaterra, Reino Unido, y su peculiar Acta de Unión forjada hace más de 300 años.
 
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